Comunismo URSS

EL JUDAISMO HERMÉTICO
PROGENITOR DE LA MASONERÍA Y DEL MARXISMO

En el anterior artículo se mostraban las credenciales con las que el judaísmo Hermético es inspirador, mantenedor y usufructador de la masonería. El hecho de que la masonería manipulara las revoluciones nacionales e internacionales del siglo XIX, aunque de manera velada, que es el procedimiento masónico como se demostró, se ha dado relevante documentación arriba, y ahora se confirmará cómo la confabulación judeo-masónica, inspira y subvenciona al marxismo.

judeomason

Cartel de la Exposición antimasónica de 1941: el judaísmo controlando al comunismo (Iósif Stalin) y a la masonería (Winston Churchill)

Para un experto conocedor del judaísmo que ha dedicado más de un libro al tema, es conclusivo el arco de puente entre masonería y marxismo sobre el que discurre el magnate supremo, con voluptuosidad de fantasma, pero por desgracia real, el judaísmo-hermético. Dice Mauricio Carla villa: “He dicho que existe comunidad ideológica entre masonería y marxismo. Evidente que la masonería y marxismo hayan tenido como progenitor al judaísmo cabalista”.

Para esclarecer algo que puede ser incomprensible sobre la conexión del judaísmo y del marxismo, dejo en uso de la palabra a M. Pinay: “… aunque muchas personas no judías, defectuosamente informadas, piensen que el gran número de judíos multimillonarios que hay en el mundo y que dominan las finanzas mundiales tienen que estar frente a esa tendencia (marxismo) que trata de arrebatarles sus riquezas… no habrá la menor duda de que los industriales y financieros serán también comunistas, ya que el socialismo de Marx ha sido creado y realizado por ellos, no para perder los bienes que poseen, sino para adueñarse de todos los demás que todavía no les pertenecen y acaparar en sus manos toda la riqueza mundial, que según su sentir detentan los que no son seres de Luz”. A mi modo de ver es absolutamente correcta esta interpretación.

Ahora, los hechos y las estadísticas. No se puede dudar de que los fundadores del socialismo-comunismo fueron todos judíos. Como se sabe, el fundador es Marx, cuyo verdadero nombre era Kissel Mordekay, nacido en Tréveris, hijo de un abogado judío. Su colaborador más íntimo fue Frederik Engels, judío y nacido en Bormen.

De éste y de Marx surgió la primera Internacional. Karl Kautski, intérprete de Marx, ya en 1887 es autor de “La lucha de clases” y “Programa del Socialismo” pero acabó enfrentándose a Lenin, también judío. Ferdinand Lassalle, judío nacido en Breslau, que con sus obras influyó en la revolución entre los obreros alemanes. Eduard Bernstein, judío nacido en Berlín; ha escrito varias obras sobre el comunismo, uno de los ideólogos, fue ministro de Hacienda, aunque, por poco tiempo, del Estado alemán socialista. Otros escritores del comunismo teórico seguidores de Marx, fueron: J. Lastrow, M. Hirsch, E. Löening, Babel, Schatz, D. Ricardo… todos judíos, volvamos a recordar a esos antiguos navegantes fenicios, arameos y hebreos, todos semitas que hablaban arameo, por eso su gentilicio de judios.

También los dirigentes materiales del comunismo en sus primeros movimientos socialistas son judíos. En los Consejos de Munich, sus jefes son Liecknecht, Rosa Luxemburgo, K. Eisner. Este último, presidente de la República bávara fue el jefe de la revolución bolchevique de Munich. En el gabinete de Alemania de 1918, estaba compuesto todo él por siete judíos. Después de la primera guerra, derrotada Alemania por la intervención americana, persisten 12 judíos “dirigiendo los sectores vitales del Estado alemán”. Se supone que el pueblo norteamericano fue engañado por su presidente Wilson, masón, pues entregaba Alemania al poder de los judíos.

En el gobierno de Hungría de 1919, con el judío Bela Kun, había 38 judíos y tres cristianos en los cargos políticos y económicos.

Si se da una rápida mirada al   gobierno   comunista   en Moscú, se   llega   a   idénticas conclusiones. En el primer Consejo  de  Comisarios  del Puebio, presidido por Vladimir Ilich Ulianov  (Lenin) judío por línea materna,  le  seguía León Trotzky, judio —su nombre  de   origen  era  Lew Davidnovich Bronstein— , José Stalin, descendiente de judíos,  comisario de las Nacionalidades. Hecha la excepción del comisario de Agricultura, Protzian,   armenio,   todos   los restantes  hasta  los   19   hombres de la Revolución en Rusia son judíos.

En la imposibilidad de incluir toda la lista completa que tengo delante—   de los nombres y funciones concretas de los 502 cargos importantes de la revolución en su organización y dirección, conviene que se sepa que nada menos que 459 puestos   han   sido   ocupados por judíos, mientras que sólo son 43 los cristianos de diferentes orígenes (8). Para mayor clarificación, añado algunos otros nombres judíos y altos dirigentes en la U.R.S.S. que son conocidos de los lectores, entre otros muchos que tengo delante y no dispongo de espacio para divulgar. Berín, jefe de la Policía; Kruschev, jefe del Partido, hermano de la esposa de Malenkov, Pearimutter; Bulganin, ex-funcionario de banca; Mikoyan; Kosiguin, que después de varios cargos es primer ministro del Gobierno. Todos los reseñados son plenamente judíos.

El autor, Pinay, desmiente el antisemitismo de Stalin y que la especulación llevada a cabo contra la matanza de los judíos trotskistas y bujarimstas, fue realizada por otros judíos, “fue una contienda entre bandos judíos por el mando del gobierno comunista, que ellos crearon; simplemente un pleito en familia”. Seguidamente el autor da la lista de los colaboradores de Stalin, son también judíos, lo que descarta la posibilidad de que fuera una purga contra los judíos por inspiración antisemita.

Lo que ocurre es que la mayoría de estos hombres políticos y rectores cambian de nombre adoptando el ruso o armenio, con el fin de disimular su ascendiente semita. Al duque de la Victoria se le debe esta aportación: “No creo que pueda haber duda del origen de todos los que dirigieron y ocuparon los primeros puestos en Moscú, desde los primeros momentos de la revolución; lo lamentable para los rusos es que, después del tiempo transcurrido, están muchísimo peor, porque ha aumentado de una manera alarmante la cantidad de judíos que existen en Rusia y todos los principales puestos directivos están en sus manos”.

¿Quién pagó la Revolución comunista en Rusia?   “En febrero de 1916 se supo por vez primera que en Rusia se estaba fomentando la revolución. Se descubrió que las personas y firmas bancarias que se mencionan estaban complicadas en esta obra de destrucción:

Jacobo Schiff, judío, cabeza de varios importantes bancos; 

Khur  Loed  and  Cía, firma  judía;  

Félix  Warburg, judío;

Otto Kahn, judio;

Mortimer Schiff; H. Hanauer, judío;  Gungenhein,  judio;   Max Breitun, judío. 

Y en muchos documentos de la época, se reseñan las cantidades de dinero que estos banqueros judíos enviaban a Trotzky y los suyos. En el Times del 9 de febrero de 1918 y en el New York Times del 1922, se hace constar que doce millones de dólares había entregado Schiff el plutócrata, a los revolucionarios. Y que los bolcheviques triunfantes habían remitido entre 1918 y 1922 sesenta millones de rublos oro a la firma Khun y Loeb Cía.  

Hoy está completamente   demostrado que el capitalismo de los judíos subvencionó la gran revolución   rusa, como   un   siglo antes promovieron también las revoluciones y subversión de Europa.    Lo   que   se   ha expuesto   con   respecto   a   la ayuda de los judíos capitalistas a sus hermanos los proletarios, es el consecuente principio del feroz racismo judío, que, partiendo de las enseñanzas del Talmud el no judío ni siquiera   es   un   ser   humano. Según la Enciclopedia judía, parece tener razón   que   “los judíos han sido los más conspicuos en conexión con la masonería desde la revolución.”

ESTEREOTIPO?

Antes de la Primera Guerra Mundial, el antisemitismo racista se limitaba a la extrema derecha de la política por casi toda Europa y en los Estados Unidos. No obstante, entre las personas no judías persistían los estereotipos de los judíos y el “comportamiento” judío.

Tres tendencias que se desarrollaron durante e inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial trajeron antisemitismo, incluida su variante racista, a la corriente dominante de la política europea.

En primer lugar, para las naciones que perdieron la guerra, la atroz masacre en el campo de batalla, la primera experiencia de Europa con la muerte en masa provocada por el hombre, pareció ser un sacrificio en vano. Parecía inexplicable excepto por una insidiosa traición interna.

Una leyenda de puñalada trapera atribuyó la derrota alemana y austriaca en la Primera Guerra Mundial a traidores internos que trabajaban en pos de intereses ajenos, principalmente judíos y comunistas. Esta leyenda fue ampliamente creída y deliberadamente diseminada por la dirigencia militar alemana derrotada, en busca de evitar consecuencias personales por sus políticas.

Al igual que otros estereotipos negativos sobre los judíos, la leyenda de la puñalada trapera era creída a pesar de ser absolutamente falsa: Los judíos alemanes habían servido a las fuerzas armadas alemanas con lealtad, coraje y desproporcionadamente con respecto a su porcentaje de la población.

En segundo lugar, la Revolución Bolchevique, el establecimiento de la Unión Soviética y los efímeros experimentos con la dictadura comunista en Bavaria y Hungría amedrentaban a la clase media de toda Europa e incluso cruzando el Atlántico en los Estados Unidos. La prominencia de algunos comunistas de ascendencia judía en los regímenes revolucionarios (León Trotsky en la Unión Soviética, Béla Kun en Hungría y Ernest Toller en Bavaria) confirmó a los antisemitas la atracción “natural” de los judíos y el comunismo internacional.

En tercer lugar, en Alemania, Austria y Hungría, el estigma, expresado en las cláusulas del sistema del Tratado de Versalles, de ser acusados de iniciar la guerra y de tener que cargar con el peso de pagar los daños a los vencedores, generó la ira y frustración general en todo el espectro político. La extrema derecha podría entonces explotar políticamente esta ira y frustración.

Entre los nuevos estereotipos acerca del “comportamiento” de los judíos que surgieron en los albores de la Primera Guerra Mundial y que se propagaron deliberadamente junto con antiguos prejuicios se incluían los siguientes mitos:

1) Los judíos habían iniciado la guerra para llevar a Europa a la ruina económica y política y para hacerla susceptible al “control” judío.

2) Los judíos explotaron la miseria de la guerra para enriquecerse y la prolongaron para dirigir la Revolución Bolchevique en pos de impulsar el objetivo de una revolución mundial.

3) Con su cobardía heredada y su deslealtad instintiva que los predisponía en contra de defender a la nación, los judíos fueron responsables del perjudicial malestar detrás del frente y apuñalaron a las tropas combatientes por la espalda (lo que causó la derrota militar y la revolución democrática/socialista).

4) Los judíos extranjeros dominaban las negociaciones de paz y lograron dividir a los alemanes y húngaros mediante fronteras nacionales artificiales, mientras sus co-conspiradores, los judíos nacionales, llevaron por mal camino a la nación a su “rendición” y permanente “esclavitud”.

5) Los judíos controlaban las complejas finanzas del sistema de reparaciones para su propio beneficio.

6) Al haber establecido la democracia constitucional, los judíos la utilizaron para debilitar la voluntad política de la nación de resistir su influencia y destruir la base de la sangre aria superior fomentando la endogamia, la libertad sexual y el mestizaje.

Los Sabios de Sion

Diversas versiones de los Protocolos de los Sabios de Sión, puede ver una versión en PDF

LOS SABIOS DE SION (4c)

Los Protocolos de los Sabios de Sión o Los Protocolos de Sión (en ruso: “Протоколы Сионских мудрецов” o “Сионские Протоколы”), es un texto antisemita que describe un presunto proyecto de conspiración de los judíos, para atacar a los conspiradores de judíos y a los blancos “dominación del mundo a través de la destrucción del mundo occidental”.

El texto fue creado en la época de la Rusia zarista y fue traducido, después de la Revolución rusa de 1917, del ruso a varios otros idiomas. Según el Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos, el texto influyó en el nazismo y sigue en circulación hasta el día de hoy, especialmente en Internet.

El periódico británico The Times reveló en un artículo de 1921, escrito por el periodista Philip Graves, que el texto era una falsificación que presentaba varios pasajes plagiados de Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, una obra satírica del escritor francés Maurice Joly.

Según los historiadores, su propósito era político: reforzar la posición del zar Nicolás II de Rusia, presentando a algunos de sus oponentes como aliados de una gigantesca conspiración para conquistar el mundo.

El texto tiene la forma de minutos, que supuestamente habría sido escrito por una persona en un Congreso celebrado a puerta cerrada, en una asamblea en Basilea, en 1898, donde un grupo de eruditos judíos y masones se habría reunido para estructurar un plan dominación mundial. En ese caso, planes como el uso de una nación europea como ejemplo para otros que se atrevieron a interponerse en el camino de esta dominación, controlar el oro y las piedras preciosas, crear una moneda ampliamente aceptada que estaba bajo su control, confunden el ” no elegido “con números económicos y físicos y, sobre todo, crear tamaños de caos y pánico que podrían hacer que los países creen una organización supranacional capaz de interferir en los países rebeldes.

Símbolo del ejemplo del tratado de Sion. Numerosas investigaciones han demostrado en repetidas ocasiones ser un engaño, especialmente una serie de artículos en The Times of London, 16-18 de agosto de 1921, que sugiere que gran parte del material utilizado en el texto era plagio de Serge Nilus o Serguei Nilus de las sátiras políticas existentes (principalmente del libro “El diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”, del escritor Maurice Joly, publicado en 1865), que no abordó la cuestión antisemita.

En 1920, Lucien Wolf publicó “El fantasma judío y los protocolos falsificados de los sabios ancianos de Sión” (Londres: Comité de prensa de la Junta de Diputados judíos).

Según estas investigaciones, la base de la historia de los Protocolos, tal como ha estado circulando desde entonces, fue creada por un novelista antisemita alemán llamado Hermann Goedsche que utilizó el seudónimo de Sir John Retcliffe. La contribución original de Goedsche consistiría en introducir a los judíos como conspiradores en la conquista del mundo. El periódico New York Times volvió a publicar los textos, el 4 de septiembre de 1921.

Los Protocolos se publicaron en los Estados Unidos en Dearborn Independent, un periódico de Michigan, propiedad de Henry Ford, quien al mismo tiempo publicaría una serie de artículos recopilados más tarde en un libro titulado The International Jew.

Incluso después de los informes de fraude de toda la prensa, el periódico continuó citando el documento. Adolf Hitler y su Ministerio de Propaganda citaron los Protocolos para justificar la necesidad del exterminio de judíos más de 10 años antes de la Segunda Guerra Mundial. Según la retórica nazi, la “conquista judía del mundo”, descubierta por los rusos en 1897, obviamente todavía se estaba llevando a cabo 33 años después.

En Brasil, Gustavo Barroso, abogado, profesor, político, escritor de cuentos, folklorista, cronista, ensayista y novelista brasileño, director del Museo Histórico Nacional, presidente de la Academia Brasileña de Letras dos veces y miembro del movimiento nacionalista Ação Integralista Brasileira, publicado por Editora. Civilización brasileña la primera traducción portuguesa.

Paulo Coelho, por su parte, recuerda que los Protocolos se publicaron simultáneamente en Inglaterra (Eyre & Spottiswoode Publishers) y Alemania (Verlag Charlottenburg), transcribiendo aproximadamente ciertas ideas difundidas por Serge Nilus (aunque el libro, en este momento cualquiera, predicar cualquier tipo de agresión física o moral al pueblo semita (“Lo grande en lo pequeño y el Anticristo como una posibilidad inmediata”. San Petersburgo, 1902).

El franciscano Maximiliano Kolbe, martirizado por los nazis en un campo de concentración, lo tuvo como uno de sus principales objetivos porque creía que era “el verdadero libro fundamental de la masonería”.

En 1931, Anton Idovsky, un monárquico viejo y desencantado, dijo que falsificó los Protocolos, simplemente porque un judío, un gerente bancario, le había rechazado un préstamo. Idovsky afirmó haber copiado las ideas centrales del libro de Joly. La historia habría terminado allí si, dos años después, en 1933, Adolf Hitler no hubiera llegado al poder en Alemania, ya que fue este trabajo que los nazis utilizaron, antes del medio intelectual alemán, para justificar su posición. antisemita, entonces, destinada a ser adoptada por el Tercer Reich alemán.

El uso de Hitler de los Protocolos se puede ver en esta traducción de Mein Kampf (1925-1926), capítulo XI, Nación y Raza: “… en qué medida toda la existencia de este pueblo se basa en una mentira continua incomparablemente expuesta en los Protocolos de los Sabios de Sión, tan infinitamente odiada por los judíos. Se basan en un documento falsificado, como afirma el periódico Frankfurter Zeitung todas las semanas: es la mejor prueba de que son auténticos.

Lo que muchos judíos hacen inconscientemente, aquí está expuesto conscientemente. eso es lo que importa. Es completamente indiferente de qué cerebro judío se originó esta revelación, lo importante es que con una certeza positiva y Rrible, revelan la naturaleza del pueblo judío y exponen sus contextos internos, así como sus objetivos finales.

Sin embargo, la mejor crítica que se les aplica es la realidad. Cualquiera que examine el desarrollo histórico de los últimos 100 años, desde el punto de vista de este libro, comprenderá de inmediato los gritos de la prensa judía. Ahora que este libro se ha convertido en propiedad del pueblo, la amenaza judía se considera detenida (páginas 307-308) “

León Poliakov, señala que dicho texto es una falsificación de la policía secreta del zar Nicolás II de Rusia, siendo su legado intelectual más duradero.

Will Eisner (1917-2005), hijo de inmigrantes judíos estadounidenses, conoció la historia del folleto Protocolos de los sabios de Sión desde muy joven: “durante mucho tiempo lo relegué a la biblioteca de literatura perversa, junto a Mein Kampf (Mi lucha, de Hitler) “escribió en la presentación de su libro, que también ilustró, La trama (Companhia das Letras), sobre la historia secreta de los Protocolos. En la introducción, el escritor y académico italiano Umberto Eco se pregunta cómo tal libro resiste la prueba de que es falso. Y él responde: “No son los Protocolos los que generan antisemitismo; es la profunda necesidad de las personas de aislar a un enemigo, lo que les lleva a creer en los Protocolos”.

EL FASCISMO ITALIANO CONTRA LAS SOCIEDADES SECRETAS

El primer paso oficial que el fascismo italiano dio contra la masonería fue a raíz de la deliberación del Gran Consejo Nacional Fascista del 15 de febrero de 1923, con la participación del Duce y otros catorce miembros de dicho Consejo. El resultado fue invitar a los fascistas que eran masones a elegir entre el pertenecer al Partido Nacional Fascista o a la masonería.

Poco después el Gobierno italiano, por medio de la llamada Comisión de los Quince, preparó un informe histórico sobre el significado y la obra de la masonería. A la vista de este informe el propio Mussolini entregó a la Cámara un proyecto de ley el 12 de enero de 1925, que él mismo se encargó de presentar.

Tras reconocer que de todos era conocido el papel que en el Risorgimiento italiano desempeñaron las sociedades secretas, dijo que la existencia de tales sociedades se justificaba en tiempos de esclavitud, no en los tiempos actuales de libertad. En los nuevos tiempos, era incompatible con la soberanía del Estado. La ley contra la masonería fue finalmente fue aprobada.

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MASONES FASCISTAS

    Debido a su lealtad al Gobierno de turno, ciertos sectores de la masonería italiana tuvieron por el régimen fascista una indudable simpatía que se personificó en los numerosos masones que eran miembros del partido fascista. El propio gran maestro Torrigiani había proclamado el 30 de diciembre de 1922 que “todo masón […] ayuda desde su puesto al Gobierno” y que “esta Revolución [fascista] tiene un alma masónica”. También algunas logias hicieron pública su adhesión al Partido Nacional Fascista, habida cuenta de que Mussolini había incorporado al Gobierno a algunos de ellos, como Alberto Beneduce (gran orador del Gran Oriente de Italia) Gustavo Canti o el barón Camillo Romano Avezzana, luego embajador en París. Un masón de los primeros tiempos del fascismo fue Riccardo Caraffa, duque de Andria (1859-1920), senador en 1904, y finalmente diputado por la lista Fascismo liberal.

Pero a partir de 1922, los masones ya empezaron a desconfiar del talante democrático y tolerante del fascismo, de modo que surgieron las deserciones. En enero de 1925 varios miembros del consejo directivo de la Orden firmaron el Manifiesto de los intelectuales antifascistas redactado por Benedetto Croce, como réplica al Manifiesto de los intelectuales fascistas escrito por Giovanni Gentile.

La primera medida del fascismo contra la masonería tuvo lugar en febrero de 1923 cuando los catorce miembros del Gran Consejo Nacional Fascista presididos por el Duce, acordaron la incompatibilidad entre ser masón y pertenecer al Partido Nacional Fascista.

Consecuentemente con ello, Benito Mussolini firmó un decreto en enero de 1924 y puso en práctica dicha medida. Uno de los afectados más conocidos fue el general Capello, diputado gran maestro del Grande Oriente de Italia que, en cumplimiento del decreto, se dio de baja en el Partido Fascista para mantener su afiliación a la masonería.

Precisamente, uno de esos catorce miembros del Gran Consejo Nacional Fascista era un masón, el conde Alexander Dudan conde”  (1883-1957). Ya en 1919 se había afiliado al partido de Mussolini en el que desempeñó diversos cargos políticos; en 1924 fue elegido miembro de la Lista Nacional Fascista y en 1934 era nombrado senador. Pues bien, el conde Dudan fue expulsado del Gran Oriente de Italia por haberse abstenido en la votación del Gran Consejo Nacional Fascista, que en febrero de 1923 aprobó la incompatibilidad con la masonería.

En los meses siguientes el Gobierno italiano prosiguió su acoso a la masonería de modo que, a través de una denominada Comisión de los Quince, redactó un Informe sobre la masonería que tenían por finalidad facilitar argumentos a Mussolini para decretar la proscripción de la Orden.

Así, con el argumento de que durante el Risorgimiento italiano la existencia de las sociedades secretas se había justificado en la servidumbre y sometimiento padecidos por los italianos, el Informe mantenía que en los tiempos actuales de libertad, tales sociedades eran innecesarias e incompatibles con la soberanía del Estado.

De esa forma, el 16 de mayo de 1925 la masonería, al ser considerada sociedad secreta, fue prohibida, y en los años siguientes las falanges de camisas negras se ensañaron con los masones, asesinaron a casi un centenar de ellos y arrasaron buen número de logias. El propio gran maestro del Gran Oriente de Italia, Domizio Torrigiani, fue desterrado a la isla de Lipari y al poco tiempo murió.

Lo que tal vez resulte menos conocido el destacado número de masones comprometidos con el régimen fascista, como Bernardo Barbiellini Amidei (1896-1940), alcalde de Piacenza, diputado por la Lista Nacional Fascista (1924) y miembro del Consejo Nacional Fascista (1929). Uno de los más destacados fue el mariscal y conde Ugo Cavallero (1880-1943), quien recibió la luz masónica el 18 de julio de 1907 en la logia Dante Alighieri de Turín, pasado al grado de compañero el 10 de mayo de 1909 y elevado al grado de maestro el 15 de enero de 1910.

Tras salir de la Academia militar, combatió en la Guerra Italo-Turca y ascendió a general de brigada en 1915. En 1925 era subsecretario de Guerra con Mussolini y senador en 1926. Durante II Guerra Mundial, el conde Cavallero fue jefe del Estado mayor general y luego jefe del Ejército italiano en Albania, comandante de las fuerzas italianas de Grecia, y trabajó en tan estrecha colaboración con Alemania, que en 1942 le fue concedida por Hitler la preciada cruz de Hierro.

Ascendió a mariscal de Italia pero, tras varias derrotas, fue destituido y acusado de traidor por los alemanes al descubrirse una carta en la que criticaba el fascismo. Su muerte sigue siendo un misterio dado que apareció con un tiro en la cabeza como si se hubiera suicidado. Trágico final que resume a modo de colofón toda una etapa desdichada de la historia italiana y también de la masonería.

LAS SOCIEDADES SECRETAS EN PORTUGAL

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Unos años más tarde, en el Portugal de Salazar, se iba a repetir la experiencia italiana. Oliveira Salazar centró su atención en el peligro de las sociedades secretas como responsable de la decadencia de Portugal. Un Informe contra las sociedades secretas acabaría siendo aprobado y promulgado oficialmente bajo forma de ley el 21 de mayo de 1935. El poeta Pessoa, declarándose no masón ni tampoco antimasón, escribió un largo artículo criticando el proyecto del señor Cabral, que se integraba, tanto por su naturaleza como por su contenido, en «las mejores tradiciones de los Inquisidores».

Pessoa afirma que el proyecto de ley, aparentemente dirigido contra las «asociaciones secretas» en general, en realidad iba dirigido total o parcialmente contra la masonería, que no es una simple asociación secreta, sino una orden iniciática, cuyo secreto es el común a todas las órdenes iniciáticas, a todos los llamados misterios, y a todas las iniciaciones transmitidas directamente de maestro a discípulo.

La consecuencia de la promulgación de esta ley fue la persecución y el exilio para no pocos de los 9.500 masones portugueses catalogados entonces como tales por las fuerzas gubernamentales.

LAS SOCIEDADES SECRETAS Y EL NAZISMO

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Ya Hitler los utilizó múltiples veces en su obra Mein Kampf, en la que desarrolló en 1924, sus concepciones de «pueblo y raza» y manifestó su decidida lucha contra las potencias supraestatales que encarnaban «el judaísmo, el bolchevismo y la masonería». En Alemania, la difusión de los Protocolos sirvió para la propaganda hitleriana. Desde 1934 fueron introducidos en la enseñanza. De esta forma se fue extendiendo en Alemania la obsesión de la alianza subterránea de los judíos y los francmasones por la conquista del mundo.

Por su parte, en la Alemania de Hitler, la lucha contra la masonería estuvo íntimamente ligada no sólo a la prohibición de las sociedades secretas y a la supresión del marxismo internacional, sino especialmente con la cuestión del judaísmo, en gran medida inspirada en Los Protocolos de los Sabios de Sión.

Ante esta actitud de ataque y persecución, las logias alemanas —al igual que las de Italia y Portugal— por iniciativa propia cesaron sus actividades y muchos emigraron rapidamente. El Gobierno requisó todos sus bienes muebles e inmuebles. Goering afirmaba en 1933: «¡Para la Francmasonería no hay lugar en la Alemania nacionalsocialista!». Y el 1 de marzo de 1942 escribía lo siguiente: «La lucha contra los judíos, los francmasones y las otras potencias ideológicas en lucha contra nosotros, es una tarea urgente del nacionalsocialismo durante la guerra».

Con la llegada de los alemanes a Francia, los primeros en ser señalados fueron los participantes del Frente Popular, los francmasones, los judíos, los anglosajones y, más tarde, los bolcheviques. Ello dio origen a la legislación antimasónica del Gobierno de Vichy, especialmente la ley del 13 de agosto de 1940 por la que se prohibían las sociedades secretas, sin hacer expresa mención de la masonería, su principal destinatario.

Extractado de: José A. Ferrer Benimeli (Universidad de Zaragoza), El contubernio judeo-masónico-comunista, Madrid, 1982, pp. 223-272.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, algunos supervivientes utilizaron el triángulo rojo, resignificando el símbolo con el que habían sido marcados. Para recordar el Holocausto del que fuimos víctimas los masones tenemos nuestro propio símbolo: una flor, el no-me-olvides, que nuestros Queridos Hermanos utilizaron para reconocerse entre sí en el corazón de Alemania en aquella época oscura.

En 1933, la persecución de los judíos por parte del nazismo se convirtió en una política activa. Los nazis acusaban a los judíos de todos los problemas de Alemania: la pobreza, el desempleo y la derrota en la Primera Guerra Mundial. Los alemanes no quedaron satisfechos con el Tratado de Versalles que sólo garantizó a Gran Bretaña y Francia como potencias imperiales europeas.

Ese año fueron promulgadas las primeras leyes contra los judíos pero al principio no se aplicaron tan estrictamente, o no de forma tan devastadora como en los años posteriores. A muchos los mataban y a otros los obligaban a hacer trabajos forzados.

Boicot Laboral del 1 de abril de 1933 ingenieros, doctores, abogados, maestros, y comerciantes judíos fueron boicoteados. Sólo seis días después la Ley para la Restauración de Servicio Profesional Civil fueron privados de privilegios y alejados de posiciones de nivel superior reservadas para los alemanes «arios». A partir de entonces, los judíos se vieron obligados a trabajar en los puestos de menor categoría, por debajo de los alemanes.

El 2 de agosto de 1934, murió el presidente Paul von Hindenburg. No fue designado un nuevo presidente, sino que las competencias del canciller y el presidente se combinaron en el cargo de Führer. Esto, y un gobierno amansado sin partidos que se opusieran, permitió tener a Adolf Hitler un control absoluto del poder legislativo. La Wehrmacht también realizó un juramento personal de lealtad a Hitler, dándole poder sobre los militares; esta posición le facilitó ejercer más poder y presión sobre los judíos. En 1934 se inició algo que cambio al mundo entero.

Hitler despoja a los judíos de la nacionalidad alemana (1935-1936) la persecución de los judíos fue aumentando aceleradamente. En mayo de 1935, se prohibió a los judíos ingresar en la Wehrmacht (fuerzas armadas), y ese mismo año, la propaganda anti-judía apareció en tiendas y restaurantes. En 1936, los judíos fueron apartados de todas las profesiones liberales, previniendo de manera efectiva que ejercieran influencia alguna en educación, política, formación universitaria o industria. Debido a esto, no hubo nada que frenara los movimientos anti-judíos que se extenderían a lo largo y ancho del panorama económico en la Alemania Nazi.3

Después de la Noche de los cuchillos largos, la Schutzstaffel (SS) se convirtió en la fuerza policial dominante en Alemania. El Reichsführer SS Heinrich Himmler, estaba deseoso de complacer a Hitler, y obedecer gustosamente sus órdenes.

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La Noche de los Cuchillos Largos

Desde que la SS fue la guardia personal de Hitler, sus miembros fueron mucho más leales y calificados de lo que los de las Sturmabteilung (SA) habían sido. Debido a esto, fueron también apoyados, aunque con desconfianza, por el ejército, que ahora estaba más dispuesto que antes a coincidir con las decisiones de Hitler. Todo esto permitió a Hitler más control directo sobre el gobierno y las actitudes políticas hacia judíos en la Alemania nazi.

Las Leyes de Núremberg de Pureza Racial (1935)se aprobaron mientras se producían las grandes manifestaciones nazis en Núremberg. El 15 de septiembre de 1935, se aprueba la Ley para la Protección de la Sangre y el Honor Alemanes, impidiendo el matrimonio entre judíos y no judíos.

Al mismo tiempo, la Ley de Ciudadanía del Reich fue aprobada, y reforzada en noviembre por un decreto que establecía que todos los judíos (incluidos los hijos de judío y ario o nietos de judío y ario) dejaban de ser ciudadanos (Reichsbürger) de su propio país (su estatus oficial pasó a ser Reichsangehöriger, «Miembro del Reich»). Eso significaba que no tenían los derechos civiles básicos, como el del votar (Aunque para ese momento el derecho al voto para los alemanes no judíos sólo significaba la obligación de votar por el partido nazi). Esta supresión de los derechos básicos de los ciudadanos precedería a la subsiguiente aprobación de leyes mucho más severas contra los judíos. La redacción de las Leyes de Núremberg suele atribuirse a Hans Globke.

Todas esas leyes en su conjunto establecían una división entre alemanes y judíos, al consagrar a los primeros como «ciudadanos del Reich» y reducir a los segundos a la categoría de «residentes».

Discriminación cultural, laboral y económica (1937-1938) nuevas duras leyes se aplicaron, y la segregación contra los judíos por parte de la población aria alemana se inició. En particular, los judíos fueron penalizados económicamente por su condición del estatus racial.

El 4 de junio de 1937 un joven judío alemán, Helmut Hirsch, fue ejecutado por estar involucrado en un complot para matar a dirigentes nazis, incluido Hitler.

Al 1 de marzo de 1938, los contratos de los gobiernos ya no pueden ser adjudicados a las empresas judías. El 30 de septiembre, los médicos «arios» sólo pueden tratar pacientes «arios». La atención médica a los judíos ya se veía obstaculizada por el hecho de que los judíos fueron prohibidos de ejercer como médicos o tener cualquier puesto profesional anteriormente.

A partir del 17 de agosto de 1938, los judíos tuvieron que agregar a sus nombres Israel, los hombres, o Sara, las mujeres, y una gran J iba a ser impresa en sus pasaportes. El 15 de noviembre los niños judíos fueron prohibidos de ir a las escuelas normales.

La Noche de los cristales rotos (1938) Los judíos fueron obligados a marchar con la Estrella de David después de la Noche de los cristales rotos (1938) El incremento del totalitarismo y el militarismo del régimen que se imponía en Alemania por Hitler, le permitió controlar las acciones de la SS y de los militares.

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La Noche de los Cristales Rotos

El 7 de noviembre de 1938, un joven polaco judío, Herschel Grynszpan, atacó y disparó contra dos funcionarios alemanes nazis en la embajada alemana en París. Grynszpan estaba enojado por el trato que sufrían sus padres por los nazis en Alemania. El 9 de noviembre uno de los alemanes atacados murió. Goebbels dio instrucciones para que se organizaran manifestaciones, como represalia, en contra de los judíos y fueran realizadas por toda Alemania.

Las SS organizaron la Noche de los cristales rotos (Kristallnacht), que se llevó a cabo esa misma noche. Más de 7000 tiendas y almacenes de judíos fueron destrozados, aproximadamente 1574 sinagogas (prácticamente todas las que había en Alemania) fueron incendiadas así como muchos cementerios judíos.

Más de 30 000 judíos fueron detenidos e internados en los campos de concentración recién creados; unos cuantos incluso fueron golpeados hasta la muerte. El número de judíos alemanes asesinados es incierto, con estimaciones de aproximadamente 200 durante más de dos días de levantamientos. Esta violencia indiscriminada explica que algunos alemanes que no eran judíos fueran asesinados simplemente porque alguien pensó que «parecían judíos».

Los acontecimientos en Austria no eran menos terribles, y la mayor parte de las 94 sinagogas de Viena y las casas de oración fueron dañadas parcial o totalmente. Los judíos fueron sometidos a toda clase de humillaciones, incluyendo el fregar los pavimentos mientras eran atormentados por sus compatriotas austriacos, algunos de los cuales habían sido sus amigos y vecinos.

Muchos alemanes quedaron indignados por esta acción cuando los daños se dieron a conocer, de modo que Hitler ordenó que recayera una multa sobre los judíos. Colectivamente, los judíos se tuvieron que hacer cargo para pagar una indemnización millonaria en daños y perjuicios. La multa planteó la confiscación de 20 % de todos los bienes judíos. Los judíos también tuvieron que reparar todos los daños a su propio costo. Al no cumplir con los “requisitos de persona” que los nazis querían, muchísimas personas murieron, desde niños hasta adultos mayores.

Quiebra moral (1939), familias judías de Berlín embalando sus pertenencias huyendo de la Alemania Nazi rumbo a Nueva York, En abril de 1939, casi todas las empresas de judíos habían quebrado bajo la presión financiera y el descenso de los beneficios, o habían sido persuadidos a venderlas al gobierno nazi-alemán. Esto no solo redujo aún más a los judíos sus derechos como seres humanos, sino que en muchos aspectos fueron oficialmente separados del resto de la población alemana.

El Holocausto (1940-1945), la persecución nazi de los judíos desembocó en el Holocausto, en el que aproximadamente 6 millones de judíos de Europa fueron quemados en un horno de hombres, deportados y exterminados durante la Segunda Guerra Mundial. El 19 de mayo de 1943, Alemania se declaró judenrein (limpio de judíos; también judenfrei: libre de judíos). Se cree que entre 170 000 y 200 000 alemanes judíos fueron asesinados.

holocauto

Entre los aproximadamente 150 000 alemanes judíos que sirvieron en la Reichswehr, se encontraban veteranos condecorados y oficiales de alto rango, incluyendo generales y almirantes. Un gran número de estos hombres ni siquiera se consideraban a sí mismos como judíos y habían abrazado la vida militar como forma de vida, siendo dedicados patriotas deseosos de servir a la reactivación de la nación alemana. Antes de la llegada de Hitler al poder, la Reichswehr no daba la menor importancia a su ascendencia, en la carrera de estos hombres, pero fue obligada posteriormente a revisarla en profundidad y a excluirlos del cuerpo militar.

Algunos cálculos cifran en 200.000 los masones víctimas del Holocausto. El Museo del Holocausto de Estados Unidos recuerda que el exterminio de la Masonería bajo el régimen Nazi se inició de forma muy temprana. En 1934 se confiscaron sus bienes, sus bibliotecas, sus archivos y se decretó que las logias eran enemigas de Estado alemán.

La sección especial II/111 del Servicio de Seguridad de las SS se ocupó específicamente de la represión de la Masonería. Los Nazis disolvieron todas las organizaciones masónicas en los países ocupados incautando su documentación, que fue remitida a la Oficina Central de Seguridad del Reich. Fueron primero marcados y después enviados a los campos, como otras víctimas, donde portaron el triángulo rojo. Entre los archivos incautados estaban los del Grande Oriente Español en el exilio de París, que fueron copiados y remitidos a Madrid para alimentar el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo.

Este documento forma parte de la serie “El Sistema”, la Historia continua en otro documento, “Globalistas”

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